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Opinión

Síndrome de alienación parental, niños como rehenes psicológicos de sus padres

Redacción Enfoque

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Por: Juan Manuel Sánchez

El progenitor alienador desarrolla un mensaje y un programa en los hijos, que normalmente se denomina ‘lavado de cerebro’, los hijos que sufren este síndrome desarrollan un odio patológico e injustificado hacia el progenitor alienado, que tiene consecuencias devastadoras en el desarrollo físico y psicológico de éstos.

El Síndrome de Alienación Parental o SAP es un conjunto de síntomas, que se produce en los hijos, cuando un progenitor, mediante distintas estrategias, transforma la conciencia de los niños con objeto de impedir, obstaculizar o destruir sus vínculos con el otro progenitor, convirtiendo a sus hijos en sus rehenes psicológicos para hacerle daño al otro progenitor, usándolos como arma y escudo.

A pesar que según estudios realizados en la mayoría de los casos el progenitor alineador es la madre (por ser las que generalmente tiene la custodia), también existen casos donde el padre es quien ejerce esta manipulación sobre sus hijos, el síndrome de alienación parental está considerado como una forma de maltrato infantil, estos son algunos indicadores típicos que permitirían detectar si existen síntomas del Síndrome de Alienación Parental con maltrato:

– Insultar o desvalorizar al otro progenitor en presencia del hijo, aludiendo cuestiones de pareja que no tienen nada que ver con el vínculo parental.

– Impedir el derecho de convivencia con sus hijos al otro progenitor.

– Implicar al entorno familiar y a los amigos en los ataques al excónyuge.

– Subestimar o ridiculizar los sentimientos de los niños hacia el otro progenitor.

– Incentivar o premiar la conducta despectiva y de rechazo hacia el otro progenitor (basta con que los niños vean que esa actitud hace feliz a la madre o al padre, para ofrecer su dolor y así reconfortar al adulto alienador).

– Influir en los niños con mentiras sobre el otro llegando a asustarlos. En los niños, el Síndrome de Alienación Parental puede detectarse cuando intentan justificar el rechazo con explicaciones o razones absurdas e incoherentes. En ocasiones, también pueden usar diálogos o frases propias de su progenitor alienador, y palabras o comentarios impropios de su edad.

Los niños que sufren este tipo de maltrato quedan indefensos e incapacitados para ayudarse a sí mismos, sólo les queda esperar a que los padres resuelvan sus problemas y así quedar liberados, si el problema entre los adultos se prolonga demasiado en el tiempo o incluso no se resuelve, el niño queda abandonado y crece con pensamientos disfuncionales; esto refiere a que no sólo está el hecho de que el niño no podrá establecer relaciones positivas con el progenitor alejado, sino que también sus propios procesos de razonamiento serán llevados hacia patrones psicopatológicos.

Para concluir, hay que entender que la disolución de la pareja no tiene por qué generar patologías en los hijos; si ambos miembros están de acuerdo con la separación, es imprescindible que tengan en cuenta que quienes dejan de tener un vínculo afectivo son sólo ellos, esto no tiene que darse también con los hijos, sino todo lo contrario, es necesario que busquen la forma más saludable tanto para ellos como para los hijos de llevar a cabo el proceso de separación, dar lugar al diálogo y promover la relación entre los integrantes de la familia y no que sea una ruptura traumática, en lugar de dejarse llevar por los sentimientos de venganza y despecho, los adultos deben pensar en los hijos, en el impacto emocional y en las consecuencias posteriores para el desarrollo del niño, si es necesario buscar orientación profesional para disminuir lo máximo posible la afectación de los hijos.

Lo que se hace a los niños, los niños harán a la sociedad. – Karl Mannheim