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Opinión

Sharon: Bajo una justicia injusta

Redacción Enfoque

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Por: María Castillo – Activista social y feminista, miembro del Colectivo Sorecer Ibagué

Colombia es un país reconocido mundialmente por su belleza, calidez y diversidad; sin embargo, lo que tiene de hipnotizante, lo tiene de corrupto e injusto. Día a día ocurren tragedias que dejan a personas en situación de calle, sufriendo o vulnerables, pero muchas veces la indiferencia pesa más que la empatía. Inclusive: La mayoría “limpiamos la conciencia” trinando uno o dos días en redes sociales, y ya el resto es historia.

Pues justamente esto le pasó a Sharon Hernández: una joven de tan solo 19 años que tuvo que vivir la violencia de un país que ocupa el décimo puesto con más casos de feminicidio y violencia a la mujer. Y que por desgracia, a pesar de ser muy inteligente y valiente, es conocida por los medios -los cuales la definen muchas veces despectivamente-, como “la golpeada”.

Como todas las que alguna vez creyeron antes de ser calladas por sus ex-parejas, Sharon conoció a Andrés Felipe Matallana, del cual se enamoró y entabló una relación amorosa. Sin embargo, como probablemente ya conocen la historia, el sujeto resultó un feminicida en potencia. Víctima de sus insultos, golpes, humillaciones y amenazas, Shanon pasó un calvario de más de 12 horas retenida en contra de su voluntad, soportando violencia tanto física, como mental. Poco a poco vio cómo su dignidad era pateada y reemplazada por un profundo dolor.

Privada de la comunicación con cualquier persona al ser dañado su teléfono por Matallana, escuchando constantemente como le decía que “la iba a asesinar y a picar”, recibiendo múltiples golpes y rogando que su abusador tuviera piedad y no la tirara del balcón -cabe resaltar que estaban en un quinto piso-, Sharon logró salir viva de milagro cuando Matallana se durmió. Sangrando, adolorida y moreteada, Sharon tomó los pocos retazos de mujer que quedaban y huyó.

Obviamente, ella su familia esperaban justicia; pero lo único que recibieron fue insultos, burlas, y gente en redes sociales culpándola. Porque siempre es así: La víctima tiene la culpa de lo que le pasa para la sociedad. “Si le pegó es porque se lo buscó”; “Pero es su culpa por meterse con un maltratador”; “Quién sabe qué hizo para provocarlo y que le cascara”, son solo ejemplos de los miles de comentarios excusando al abusador de Sharon gracias al sistema y protección patriarcal que hay. Por su seguridad, la víctima salió del país. Por desgracia, sus traumas, dolor y noches de desvelo culpándose y acordándose de aquel episodio horroroso en su vida, no se quedaron en Colombia. Sharon lleva consigo una cicatriz en el corazón imborrable e intacta desde hace casi un año.

Como se comentó anteriormente, no hubo, ni ha habido justicia. A pesar de que Sharon tiene más que pruebas -sumando que Matallana ya tiene antecedentes de violencia-, y su madre, Nydia Zarta, luchan a diario y se desvelan rogando por ver tras las rejas a su casi feminicida, no ha pasado nada. Al contrario: El hombre, muy campante, recorre las calles de Ibagué de rumba en rumba, y hasta consiguió un trabajo. El sitio, por su parte, planea incluso demandar a Nydia y a Sharon por la “mala fama que le están haciendo”. Porque obviamente, es súper irrespetuoso que exijan justicia por algo que no es nada grave: solo tienen un feminicida en potencia trabajando común y corriente.

Colombia cuenta con una Ley de Tipificación de apenas por Feminicidio, que penaliza hasta con 41 años de cárcel; pero, ¿Qué sucede con las mujeres que fueron asesinadas en vida? ¿Que respiran pero ya no viven porque su abusador acabó con ellas? ¿Es que acaso para ellas no hay justicia, señor Gobierno? Porque ni vivas, ni muertas. Desde aquí, Sharon, su madre y quienes queremos paz para ella -para que así pueda comenzar a su proceso de sanación- exijimos a la justicia colombiana que de una vez por todas, sea capaz de hacer algo bien y ejerza lo que sus leyes dicen. La Constitución no es solo para tenerla guardada en una biblioteca llenándose de polvo.

Por culpa de la negligencia de la propia “justicia”, es que muchas mujeres que denuncian a sus agresores mueren a manos de ellos esperando que las socorran. Sharon no es “la que se victimiza”, ni “la golpeada”; Sharon es una mujer que tiene detrás un ejército de miles de mujeres apoyándola, y que todas en una sola voz, pedimos que su abusador Andrés Felipe Matallana pague por lo que hizo. Justicia colombiana: ¡Nosotras les exijimos que nos quieran vivas!