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Opinión

¿Qué vamos a celebrar?

Redacción Enfoque

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Por: Nelson Germán Sánchez Pérez

Esta Villa de San Bonifacio de las Lanzas de Ibagué, que al parecer fue fundada  por otro de esos “pro hombres” españoles que nos han vendido falsamente como letrado, gente de bien, divinamente y más etcéteras rimbombantes, pero que ya sabemos no fue más que un masacrador de comunidades indígenas, desplazador de oficio y ladrón del supuesto oro de estas tierras del Combeima, sus mesetas y montes aledaños, creo que tiene poco que celebrar este próximo 14 de octubre en sus 470 años de fundación.

Debería es darnos vergüenza tan siquiera decir que estamos a escasos 30 años de cumplir 500 años de historia, 5 siglos o la mitad de un milenio en las condiciones en que estamos actualmente. Como diría el socio de Samper, el presidente gracias al Cartel de Cali, el lenguaraz Horario Serpa, “no somos ni chicha ni limoná”.

Seguimos perdidos en diagnósticos, proyectos y en búsqueda de vocaciones, elaboración de visiones –no sé este año a cuál número lleguemos-; que agroindustria, ciudad geriátrica, lugar de descansa capitalino, turismo cultural o de naturaleza, espacio de inversión, innovación empresarial, economía naranja y ahora vamos en ser la capital deportiva de Colombia y américa. ¡Ay Dios! Parecemos circo pobre. Ni J.K. Rowling, J.R.R Tolkien, CS Lewis o más recientemente Gorge RR Martín, han tenido tanta imaginación que la de los “líderes” ibaguereños para ver hacia donde llevar la ciudad. Pero la realidad es nada, un limbo es la dura condición que vive hoy Ibagué. El problema pareciera ir siendo entonces de personas y no de ideas.

La verdad y sin ánimo de discutir, pero exactamente qué es lo que podríamos celebrar: Una Ibagué en ruinas, en ranking de corrupción, en su peor momento económico, social y político. El más alto índice de desempleo en toda su historia, la desocupación juvenil más alta del país, condiciones de pobreza surgiendo a borbotones, falta de liderazgo real desde lo público y lo privado gremial; sin norte claro desde lo administrativo, obras públicas a medias e inconclusas, calles deterioradas, delincuencia floreciente, infraestructura y mobiliario urbano destruido y sin mantenimiento permanente que la afean y desgracian más.

Es cierto lo que ya se dice mayoritariamente cada día más en público, en peor momento y en peores manos no podía habernos caído este onomástico, es como una ciudad en estancamiento en todo aspecto, viviendo el mismo deterioro visible que con el ex alcalde Luis H y sus forajidos: promesas y anuncios por doquier, la culpa es del anterior gobierno, soy honesto y pulcro, no me dejan hacer mis enemigos políticos y otra serie de cuentos y mentiras absurdas que ya los ibaguereños no tragamos.

Este no es un mensaje de pesimismo ni de derrotismo, porque está más que comprobado que los ciudadanos somos superiores mil veces a nuestros dirigentes temporales y de esta especie de Túnel al estilo de Sábato – donde se nos mantiene permanentemente engañados como Juan Pablo Castel pensaba lo tenía María su amante-, también saldremos, sin duda. Pero nos toca hacerlo no disimulando si no llamando las cosas por su nombre, exigiendo lo que se debe exigir, vigilando el uso de cada peso desde lo público, supervisando las decisiones que se tomen desde las instancias y círculos del poder local que nos afectan a todos hoy y en el futuro mediato.

Igualmente, nos toca hacerlo estudiando, investigando, denunciando, no callando ningún abuso ni indelicadeza desde lo público; así como también aportando nuestra grano de arena en desempeñar las tareas que nos toquen, no dejando morir la solidaridad como recurso humano, destacando donde podamos lo positivo, los buenos ejemplos, las noticias que merezcan ser resaltadas por las buenas acciones que contienen, apostar por una cultura ciudadana desde nuestro círculo más íntimo e irla ampliando a los escenarios de la ciudad, en fin, generando tejido y trabajo social en red para cimentar una verdadera educación cívica y no solo escolar como diría Paulo Freire en su pedagogía crítica. Llegamos a 470. Vamos bien, dijo el borracho que iba de tumbo en tumbo.