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Opinión

Pitufibagué o pitufilandia

Redacción Enfoque

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Por: Nelson Germán Sánchez Pérez

No se puede a la fuerza y con la obtusa idea de crear imaginarios y dominar mentes a través de los símbolos y la teoría de los colores, querer convertir a esta capital en una nueva versión de la aldea pitufo o los Schtroumpfs (en francés); donde viven saltando, danzado y cantando alegremente cogiditos de la mano, alrededor de una fogata y frente a la casita, una serie de diminutos seres azules pregonando ahora paz, amor y armonía con su particular “laralarala, laralaralaaa”.

Guiados por un pitufo tontín, un rey pitufo, el pitufo llorón, el pitufo diferente, el pitufo aprendiz, el pitufo bromista, el pitufo enmascarado -que se gana todos los contratos de la Alcaldía- y el pitufo financiero para que comprometa vigencias futuras, recursos propios y nos deje endeudados hasta el 2050. ¡Ah! Donde alguno sea el bebé pitufo y los demás hagan parte de la camada de pitufinos.

Ojalá que ahora no se les dé, en esta tierra de ocobos, cámbulos y gualandayes “azules”, por obligarnos a celebrar no El San juan sino la fiesta pitufa y nos ordenen preparar sopa de pitufo en vez de tamal, lechona, buñuelo o natilla (para Navidad); y de remate tengamos el año entrante las pitufo olimpiadas sub20, en unos escenarios deportivos sin construir y coloridamente llamados el jardín de los pitufos deportivos. Igual, que al aeropuerto Perales y su pista -para mejorar la visibilidad en los piques- lo renombren el Aeropitufo “Ibaque”; y de ahora en adelante la glorieta de la 44 con Quinta, frente a Cortolima, se denomine la glorieta de los azulitos.

Ya entrados en gastos, dentro de las obras de ornato y embellecimiento de la ciudad y sus espacios públicos que comenzaron, pues retocar con ese azul la espada y las botas de la estatua de Simón Bolívar, ubicada frente a la Alcaldía. El taparrabo del  boga del Banco de la República, igual. Para un toque más moderno, también los ojos del  busto de Murillo Toro ubicado frente a la Gobernación; por ahí derecho los pechos de la Cacica Dulima de la 14; e ir bajando por toda la ciudad con rodillo, brocha y tarro de pintura azul en mano hasta llegar al monumento de Andrés López de Galarza para pitufocolorear de azulito el penacho del casco del conquistador. No es que el azul me disguste, el que más me gusta es el azul oscuro, pero para aplicarlo debe cuidarse un toque la estética ¿no?

Falta es que a la par de las obras de renovación del Estadio Murillo Toro, para completar la aldea pitufo, hagan un gran monumento azul a Azrael el gato ladrón del altísimo Gargamel, que quiere devorarlo todo y a todos.

Pero en serio, lo menos importante en últimas es que pinten de azul, zapote, curuba, floripepiado o con la bandera arco iris hasta el asfalto de las calles, pero sí que se al menos se respeten los íconos y símbolos institucionales, como los colores de la bandera de la ciudad.

Tampoco se puede a cada rato, desde la administración pública, ir tomando decisiones con el complejo de adán o queriendo construir un mito fundacional de la ciudad, mirando atrás, a los lados y nunca al frente. Ya es hora, después de 12 meses perdidos para el futuro de todos que se tomen en serio la ciudad.

Esta capital, Alcalde y su equipo, por si no lo han notado, tiene problemas más graves y serios que estar tratando de borrar burdamente la imagen del corazón -símbolo de la anterior Alcaldía- de parques, plazoletas, escenarios deportivos y públicos (hasta en las bancas). Los descomunales índices de desempleo son una calamidad, sobre todo el  juvenil, la pobreza crece, la informalidad es desbordante, la falta de oportunidades ni que decir, los nulos incentivos para que propios y extraños inviertan se reclaman a gritos; el deterioro de las calles requiere arreglos ya, así como el viejo e inservible sistema semafórico debe ser cambiado; tanto como combatir la inseguridad que crece, acciones de salud pública porque el virus no cede; esos, entre tantos otros temas, deberían ocupar su mente, tiempo, esfuerzos y recursos financieros y logísticos (estos últimos de todos los ibaguereños) para  resolverlos. Hay personas a quienes las deudas los asfixian, que no pueden comer tres veces al día, cuya desesperación y depresión en esta época decembrina se exacerba y vuelven los suicidios y sus intentos; por tanto, se requiere que el administrador se ocupe de los temas transcendentales y que dé soluciones, hechos y salidas reales. No más anuncios, no más “fueques” para seguir aletargando esta calamitosa situación de la cual todos queremos empezar a ver salidas ya.

El problema, en últimas, no es que a usted le vaya mal, lo cual no creo que nadie en sus cabales quiera, si no que con sus decisiones, indecisiones o acciones absurdas que ordena o permite, se contribuya al desánimo general, a que no se vean respuestas claras para la ciudad, cuya bandera es amarillo, verde y rojo (un recorderis) y los perjudicados no sean usted o su azul neocolonia pitufa, si no todos los que aquí habitamos. El SETP es un tema que viene de años atrás, el ZESE iniciativa de dos senadores (Uribe y Barreto) radicada en el Congreso hace meses ¿y sus proyectos pa´cuándo? No interesa, que todos los presente en papel azul, pero queremos verlos.