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Opinión

MASACRES EN COLOMBIA: Políticas sin implementar “sin el hacer, sin los hechos”

Redacción Enfoque

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Julián Betancourt Nieto - Exmilitar, Analista Político y Columnista de Enfoque

Por: Julián Betancourt Nieto.

Hace aproximadamente 5 meses escribí mi ultima columna, hoy vuelvo al rol de columnista, como no hacerlo ni pronunciarse frente al asesinato sistemático no solo de jóvenes, sino de Colombianos en general que viene sucediendo en diferentes zonas del país.

Estos asesinatos, en aquellas zonas periféricas de siempre, en donde la ausencia del Estado y la ausencia de las Farc han generado un “Vacío de Poder” que indiscutiblemente da las garantías para que se tejan todo tipo de actos delictivos en los cuales como siempre termina por acabar la vida de aquellos: “los nadie”, que nacimos en el campo colombiano lacerado por la dinámica y cruenta guerra política de 60 años entre guerrillas y Estado, ahora entre narcotraficantes, bandas y un entreverado, pero de no de las plazas de pueblo, ese pueblo asesinado, sino un entreverado de delincuencia que alejados de cualquier plataforma ideológica han encontrado en el narcotráfico el negocio perfecto, ese narcotráfico que el 02 de diciembre de 1993 dijeron terminaría cuando con jubilo celebraban la muerte de Pablo Escobar en un tejado en la ciudad de Medellín.

Las masacres que se vienen presentando han abierto el debate sobre la responsabilidad de estos actos, el alcance y, todo el entramado de implicaciones que tiene para la estructura institucional del aparato estatal. Nuestra jurisprudencia ha determinado el derecho a la vida como fundamental, de esta manera es el Estado el responsable de garantizar la vida de los colombianos y si es así, pues es este mismo Estado el responsable de las masacres y, los gobiernos que lo administran, en este caso el gobierno del presidente Ivan Duque quien debe asumir con esta responsabilidad, entre otras cosas, para eso lo eligieron, de esta manera es deber de los ciudadanos, agrupados en los diferentes sectores sociales exigir al gobierno prevenir las masacres, el asesinato a lideres sociales y, en ese orden de ideas resultados en las investigaciones aunque estas en su mayoría se queden en la impunidad y solo se vuelvan a nombrar tras otro y otro asesinato.

Por otro lado, no se puede perder de vista otras implicaciones que son determinantes en la detonación de las masacres: Las zonas donde estas ocurren no gozan de una presencia estatal consolidada y en algunos casos el Estado simplemente no funciona, y cuando funcionaba, era como un para-Estado administrado por las FARC en la “ilegalidad”, dejando así espacios territoriales para el surgimiento a grupos paramilitares, disidencias guerrilleras (narcotraficantes, sin plataforma política) y mafias que son la nueva autoridad, los que detentan el poder al suprimirse las instituciones estatales en cabeza del gobierno quien tampoco avanza mucho en los ejes de construcción concertada del Estado, algo pactado en el los acuerdos de paz de la habana y, que sería la solución para llegar aquellas regiones donde definitivamente éramos y seguimos siendo un Estado fallido, construcción concertada que iniciaba en los muy sonados PDET “Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial” algo que hoy muchos alcaldes en las zonas más apartadas lo único que hicieron, fue adaptarlo como un requisito pero que están lejos de ejecutarlo y llevarlo a la práctica, esto en gran medida habría podido ser el inicio para que las comunidades de estas regiones rompieran la tradición “cocalera” y se volcaran por mover su economía en algo diferente y dentro de la legalidad.

“Coca” es el argumento de las voces oficiales del gobierno para explicar las masacres,  está en mas de 100 municipios, en donde ni este, ni muchos gobiernos han podido sustituirle a las familias que viven de ella por alternativas concretas que garantice el mínimo vital de subsistencia, que les de seguridad, pues lo que allí necesitan son políticas agrarias que dinamicen la economía campesina, la “reforma rural integral” que se viene hablando desde antaño pero que ni Gaviria, Samper, Pastrana, Uribe “paraco”,  Santos “FarcSantos” ni Duque han logrado, a falta de ello la economía de la coca resulta mas rentable y una buena alternativa al abandono institucional.

Las masacres van a seguir y no van a parar hasta que no se implementen las políticas que ya existen pero que no llegan, hasta que no se construyan unas nuevas de acuerdo a los contextos; solo así el Estado va a volver a tomar control del territorio, las masacres van a seguir hasta que se pare con la discusión de si seguir con la aspersión aérea de cultivos ilícitos, o sustitución de cultivos, debe ser algo paralelo, “combatir los cultivos ilícitos pero darles al unisonó la otra opción a las familias que viven de ellos” entendiendo su cultura, su tradición y hasta su cosmovisión, pero ni lo uno ni lo otro funciona, si no existe una complementariedad, debe acabarse la retórica y el discurso de las políticas existentes, ¡ya están!, solo falta aplicar la filosofía de moda en el Tolima: “El Hacer, los hechos” de lo contrario seguiremos con los titulares de muerte en nuestro territorio.