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Opinión

Grabando y gravando

Redacción Enfoque

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Por: Camilo Ernesto Ossa

Terminamos el pasado mes de abril con tres noticias económicas y sociales nada alentadoras para el país, en primer lugar, la insistencia y persistencia del gobierno nacional en una reforma tributaria absolutamente inequitativa, que solo después del clamor nacional, las manifestaciones ciudadanas y los abusos que terminaron en la muerte de varios colombianos, incluida la de Santiago Murillo en Ibagué –que nos duele como seres humanos y nunca debió ocurrir-, aceptó retirar.

El descontento con la reforma y claro, de paso, con el gobierno en general, ha sido más que evidente. En segundo lugar, el informe del DANE sobre pobreza monetaria en Colombia y, tercero, el índice de desempleo en Colombia.

Frente al primer tema, ya me había referido en una columna anterior, sin embargo quiero resaltar un aspecto que me parece fundamental en relación a la política monetaria colombiana que, a decir lo menos, es bastante disonante con la realidad económica y social del país y, que además, difiere en la forma y en el fondo con el actual proceso de reforma que también se está discutiendo en Estados Unidos, donde ellos están apostándole a una construcción económica y social post-covid, a través de la clase obrera, ¡como debe ser!.

Mientras en Colombia se pensó excluir de la reforma el impuesto a las bebidas azucaradas, a los grandes conglomerados económicos y al sector financiero, es decir, las rentas de capital, el Presidente de Estados Unidos Joe Biden anunció un “plan para las familias estadounidenses en educación e infancia de cerca de 2 billones de dólares, donde se incluye un recorte de impuestos para la clase media de cerca de 800.000 millones de dólares”, una clara apuesta a rescatar la clase trabajadora de ese país, muy en el sentido opuesto de lo que planteó el presidente Iván Duque en Colombia. Para lograr esto, se piensa, en Estados Unidos, “cancelar los recortes de impuestos para los más ricos del país y aumentar los impuestos sobre la renta de capital para el 0,3% más rico del país”. Durante el anuncio, el Presidente Biden dijo que el plan sostiene algo que él siempre ha dicho: “Wall Street no construyó este país, la clase media construyó este país y los sindicatos construyeron la clase media”. Adicionalmente fue enfático en advertir que la creación de fuentes de empleo es la clave para salir de la crisis actual.

En segundo lugar, según el DANE, para el año 2020 en Colombia, la línea de pobreza monetaria se ubicó en $331.668 y con la cual “(sobre)viven” el 42,5% de los colombianos, esto es, 21 millones de personas y la línea de pobreza monetaria extrema estuvo en $ 145.004, a la cual pertenecen el 15,1% de colombianos, 7,5 millones de personas en esta condición, ¡más de la mitad del país!. Sin verdaderos proyectos de infraestructura que generen desarrollo, una apuesta clara al emprendimiento, a las Tic´s, entre otros, que generen crecimiento y permita a estas personas salir de la condición en la cual se encuentran sumidos, el panorama seguirá siendo desalentador. Y, si a lo anterior, le sumamos una reforma tributaria financiada principalmente por la clase media para el subsidio a los estratos más bajos, nos convertiremos en un modelo de movilidad social pero a la inversa, que, a la final, logrará ensanchar la brecha social.

Tercero, termina el mes de abril con las cifras de desempleo en Colombia, que para marzo de este año se ubicó en un 14,2% en el total nacional, generando mayor preocupación el desempleo en la mujer, pues a nivel nacional está en el 18,8% mientras que el de los hombres en un 10,9%. Por otro lado, para el caso de los jóvenes, la tasa de desempleo a nivel nacional es del 23,9%, pero en Ibagué, la más alta del país, es del 32,3%. Todos estos ingredientes en una olla pitadora a punto de estallar y, el presidente desconectado, en lo de él, grabando y… gravando.