Connect with us

Opinión

ENTRE MANZANAS PODRIDAS EN LA POLICIA Y VANDALISMO EN LAS PROTESTAS: Una discusión estúpida

Redacción Enfoque

Published

on

Por: Julián Betancourt Nieto

El país, la semana anterior se sacudió en medio de cruentas protestas tras el asesinato de Javier Ordóñez, un acto de violencia que genero mas violencia, pero no solo eso, también genero un sinfín de desacuerdos.

El debate se abrió entre si los actos de destrucción de cosas públicas era vandalismo o no, entre si debería o no reformarse la Policía Nacional, en algunos sectores  se discutía si los actos cometidos por estos dos patrulleros eran hechos aislados o si por el contrario al venir sucediendo hace bastante tiempo corresponden a hechos sistemáticos y no a solo manzanas podridas como manifestaron algunos  sectores políticos cercanos al Gobierno Nacional, conceptos y discusiones a mi juicio innecesarios  cuya perdida de tiempo lo único que hacia era desviar la atención mientras la violencia se agudizaba en las calles, discusión cuya respuesta termina dando la razón a unos y a otros cuando la respuesta a tantos desencuentros conceptuales es básica: si, fue un asesinato, no son manzanas podridas, no necesita ser reestructurada la Policía Nacional, lo que se necesita es una reestructuración en sus manuales de instrucción, de la otra orilla si es vandalismo, si es violencia, misma violencia aplicada desde el Estado a través de la fuerza pública, solo que, violencia legitima que  llaman, pero al fin violencia.

Debo iniciar entonces, por argumentar el hecho de que los actos cometidos por la Policía Nacional no son hechos aislados y por el contrario son sistemáticos, sobre todo como se configura su actuar en la dinámica de protestas sociales, ya que en su narrativa los integrantes de esta institución hacia algunos estudiantes o miembros de protestas los tildan de guerrilleros, como lo denunciara un joven periodista del portal La otra verdad de la ciudad de Ibagué capturado en situaciones irregulares cuando este cubría una protesta en inmediaciones de la Universidad del Tolima –“me decían guerrillero” acotó este joven, narrativa que no solo es usada por miembros de la Policía Nacional sino que además se ha convertido en una general de los miembros de la Fuerza Pública, y que se debe a la ideologización que desde las escuelas de formación militar y de policía les enseñan a sus miembros.

Ideologización que está atravesada por la idea de que el comunismo y el socialismo son malos, que la izquierda es lo peor que le puede pasar a un país,  que el guerrillero es izquierda y la izquierda es guerrillero y que todo lo que vaya en dirección a estos conceptos son sus enemigos, una total programación de su filosofía que solamente produce militares y policías listos para reprimir a quienes  piensen diferente; programados lejos de la tolerancia democrática donde caben  diversas formas de pensar, politizados desde las escuelas de formación para servir a los interese políticos e ideológicos de los gobiernos de turno, pero no para servir a una nación, al pueblo colombiano como lo dice la retorica de los generales frente a sus tropas.

¿Desde cuando aquí militares y policías les corresponde decidir si lo que le conviene a Colombia es la izquierda o la derecha? ¿Desde cuándo aquí militares y Policías resultaron involucrados en temas políticos persiguiendo sectores de izquierda? eran mis preguntas siendo suboficial del ejército hacia el año 2014, con el tiempo comprendí que para eso me habían programado desde la formación militar, a la misma vez decidí hacer mejor las cosas, racionalizar que mi uniforme lo tenia para el bien del pueblo colombiano y no para el bien de los gobiernos de turno, así las cosas hasta que no se reestructure los manuales de instrucción en las escuelas de formación militar y de policía, la fuerza pública no va a cambiar su actuar ideologizado, para el caso de la policía no solo esto, sino además las grandes fallas en sus procedimientos lo que refleja falta de rigurosidad en sus manuales de instrucción en las escuelas que desencadena  muchas de sus actuaciones como la sucedida en Bogotá haciéndola  sistemática, pero no por lo que dicen algunos sectores de izquierda, que algunos comandantes den las ordenes, eso no tiene sentido más allá del discurso trasnochado marcado por la historia como los “falsos positivos”

Por el otro lado están los actos hechos por los “manifestantes” infraestructura pública dañada, buses quemados, argumentando estas actividades como único mecanismo de lucha política que les ha dejado el Estado, también se argumentan en hechos históricos como la revolución francesa o las luchas sociales en chile tras la dictadura de Pinochet, sea cual sea el argumento el resultado es el mismo, huelen su fracaso ante un sistema implacable al terminar la jornada de enfrentamientos contra el ESMAD con cantidades de heridos, y su incapacidad de poder controlar las manos oscuras que se infiltran en estos grupos sociales dejando como saldo negocios de barrio tal vez de propietarios con la misma clase social que dicen defender saqueados y robados, dicen pelear contra la opresión pero en su lucha afectan al oprimido con actos que por supuesto son vandalismo, no son todos, son algunos, claro que sí, aplica para Policías y manifestantes.

Bajo esta línea, desde cualquiera de las dos orillas tienen justificación para sostener sus actos, todos creen tener la razón, el resultado de esto es violencia y como respuesta violencia, “sangre debe tener sangre” la famosa frase de la serie “los 100” de Netflix, lo cierto aquí es que la fuerza pública debe empezar a cambiar sus manuales de instrucción alejados del componente ideológico, y los “manifestantes” deben entender que la revolución francesa ya paso, que la dictadura de Pinochet también, y que mientras suceden desmanes y se destruyen establecimientos de gente que hace para el diario, existen barrios marginados, veredas marginadas en la física pobreza que no van a cambiar su situación “agarrados” a piedra con la policía, hay otra manera, yendo a las  bases sociales, construyendo bases políticas y llegar al manejo de las instituciones, las mismas que controlan la fuerza pública, las mismas desde donde se construye o no tejido social, las mismas donde se puede llegar si se hace un trabajo de construcción política seria y constante con aquellos a quienes dicen defender cuando enfrentan al ESMAD. Es hora de consenso, es hora de parar esta discusión estúpida.